lunes, 30 de mayo de 2011

Septiembre

Un día por otro voy olvidándome de actualizar este blog, pero es que entre examen y examen me entra tal nivel de vagancia que termino por no preparame bien ni el siguiente.
Y así me va... que esta semana tengo 4 exámenes y ando pasándome los apuntes de febrero (entonaría un "nunca más", pero como sé que lo volveré a hacer, me lo ahorro).

Desde luego, este año lo llevo peor que nunca, la desmotivación ha podido conmigo y de ahí el título de esta entrada: Septiembre.
Porque al final voy a catar qué es estar estudiando en verano. Suspendí alemán (dos destrezas de cuatro, aún no sé cómo las otras dos lograron pasar la criba) y, aunque lo tenía asumido desde el principio, mentiría si dijera que lo llevo bien.
No, no es así. Me ha tocado mucho el ego suspender algo para lo que se supone que me estoy preparando, es decir, que si quiero ser traductora se supone que tengo que controlar varias lenguas, ¿no? Siento que estoy fallándole a mis principios.

En fin, no le doy más vueltas que suficientemente mal voy con el trasvase de apuntes como para perderme en lamentaciones por estos lares. Espero que se quede en eso, aunque mucho me huelo que el superior de valenciano va por el mismo camino (eso por no hablar del intermedio de inglés, al cual temo, porque hace un año que no toco un libro de inglés y tengo el jueves el examen escrito).

"¡Ay, mamá! ¿A mí quién me manda meterme en estos fregados?"

C'est tout.

P.D.: Sigo sin conocer la resolución de las becas de idiomas del Ministerio de Educación. No sé a qué esperan, estamos a 30 de mayo y aquí cierta personita tiene que cuadrarse la agenda para ir a contratar el curso (en el caso de que me den la beca).

P.D. (2): Llevo demasiada Pepsi en la sangre. Estoy nerviosa y pasada de vueltas. Eso sí, queda comprobado que el extra de cafeína es real (o es un buen placebo para mi cuerpo).

P.D. (3): El otro día hizo un año de mi graduación de Bachillerato. Es increíble cómo pasa el tiempo.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Final del principio

Una vez más me he dado cuenta de que no he continuado mis planes.
Con este blog pretendía crear una rutina de entradas de mayor o menor interés, pero la apatía en la que estoy sumergida últimamente (y Twitter, es tontería faltar a la verdad) ha terminado por hacer mella en la voluntad inicial y esto se encuentre totalmente parado.

De igual manera, el primer curso en la universidad ya está casi terminado y aún me sorprendo al ver cuán rápido ha pasado todo. Es por eso que he decidido retomar un poco esto, para hacer una valoración previa a los exámenes que se acercan por la esquina (mientras me doy la vuelta y trato de huir... ¡cachis! ¡me han visto!).

Si afirmo que me ha gustado el curso estoy a la vez mintiendo y diciendo la verdad, aunque esto parezca una contradicción.
He conocido a grandísimas personas por las que me he dado cuenta de que vale la pena seguir adelante, porque contar con ellas es algo que cualquiera con dos dedos de frente valoraría (y me suele gustar incluirme en este grupo). Ellos son la parte positiva.
Por otra parte, la titulación ha sido cualquier cosa menos lo esperado. Estaba claro que mi ilusión de sumergirme en las páginas de un libro para traducirlo sin más ayuda que mis ganas de escribir era, cuanto menos, utópico. Pero tampoco pretendía que el nivel de exigencia en lengua(s) fuera tan bajo que me desmotivara hasta la principal razón por la que entré en Traducción. Evidentemente, esta es la parte negativa con la cual no me enrollo más porque estoy tratando de obviarla para no caer de nuevo en la desesperación de "¿qué hago? ¿sigo con el grado o cambio?".

Creo que, a grandes rasgos, esto es todo. Podría escribir miles de palabras más o haber simplificado todo en un único párrafo. Espero que el término medio no haya quedado demasiado mal.

Un saludo de alguien que se queda estudiando, que es gerundio.