miércoles, 11 de mayo de 2011

Final del principio

Una vez más me he dado cuenta de que no he continuado mis planes.
Con este blog pretendía crear una rutina de entradas de mayor o menor interés, pero la apatía en la que estoy sumergida últimamente (y Twitter, es tontería faltar a la verdad) ha terminado por hacer mella en la voluntad inicial y esto se encuentre totalmente parado.

De igual manera, el primer curso en la universidad ya está casi terminado y aún me sorprendo al ver cuán rápido ha pasado todo. Es por eso que he decidido retomar un poco esto, para hacer una valoración previa a los exámenes que se acercan por la esquina (mientras me doy la vuelta y trato de huir... ¡cachis! ¡me han visto!).

Si afirmo que me ha gustado el curso estoy a la vez mintiendo y diciendo la verdad, aunque esto parezca una contradicción.
He conocido a grandísimas personas por las que me he dado cuenta de que vale la pena seguir adelante, porque contar con ellas es algo que cualquiera con dos dedos de frente valoraría (y me suele gustar incluirme en este grupo). Ellos son la parte positiva.
Por otra parte, la titulación ha sido cualquier cosa menos lo esperado. Estaba claro que mi ilusión de sumergirme en las páginas de un libro para traducirlo sin más ayuda que mis ganas de escribir era, cuanto menos, utópico. Pero tampoco pretendía que el nivel de exigencia en lengua(s) fuera tan bajo que me desmotivara hasta la principal razón por la que entré en Traducción. Evidentemente, esta es la parte negativa con la cual no me enrollo más porque estoy tratando de obviarla para no caer de nuevo en la desesperación de "¿qué hago? ¿sigo con el grado o cambio?".

Creo que, a grandes rasgos, esto es todo. Podría escribir miles de palabras más o haber simplificado todo en un único párrafo. Espero que el término medio no haya quedado demasiado mal.

Un saludo de alguien que se queda estudiando, que es gerundio.

3 comentarios:

  1. Sandra, en mi opinión deberías haber estudiado algo relacionado con el Francés, solo eso.
    Eres demasiado práctica y no te has decantado por lo que más te gusta.
    Sincéramente, yo.

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  2. Sandra, yo no supe qué quería estudiar hasta los 21 años, y luego, cuando terminé la carrera me di cuenta de que no era lo que yo pensaba. Pero en eso consiste la vida, en evolucionar, conocerse a una misma y coger otros caminos cuando los que tenemos no nos satisfacen.
    Un fuerte abrazo.
    :)

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  3. Anónimo (me hubiera gustado poder dirigirme a ti con un nombre), tienes toda la razón.
    Nunca hago lo que realmente me motiva, me dejo llevar por la vida sin plantearme que lo que estoy estudiando es el futuro y que puede que no me vaya a satisfacer en unos años.
    De todas maneras, muchas gracias por tus palabras.

    C.T., creo que la pena es que una parte de mí tiene clarísimo qué quiere estudiar (pero nunca le hago caso). Eso sí, tu experiencia me da ánimos para seguir.
    Muchas gracias :)

    ¡Besos y abrazos para ambos!

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