martes, 17 de abril de 2012

La cocina de la escritura o cómo escribir


Cassany, Daniel. La cocina de la escritura. Barcelona: 1995. Anagrama, Colección Argumentos. 255 páginas.


A finales del siglo pasado, Daniel Cassany se adentró en una cocina muy especial para proporcionar a los lectores una receta que les permitiera crear los mejores platos, es decir, tener una serie de nociones a la hora de enfrentarse a la redacción de un escrito. De esta forma surgió La cocina de la escritura, un libro  que nos presenta no solo la teoría, sino también la práctica de la composición de textos.

Diplomado como Maestro de Catalán, licenciado en Filología Catalana y doctor en Filosofía, Letras y Ciencias de la Comunicación; Daniel Cassany i Comas (Vic, 1961) forma parte de la selección de autores que se interesa por el buen uso de la lengua. Este polifacético profesor y escritor ha colaborado en un buen número de artículos y libros, y ha escrito varios libros de forma individual. De su bibliografía, empezada en 1987 con Describir es escribir (2005 en castellano), La cocina de la escritura (1993, 1995 en castellano) es su quinta obra y una de las más difundidas, con numerosas reimpresiones tanto en catalán como en castellano. Actualmente es profesor de Análisis del discurso en lengua catalana en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

La cuina de l'escriptura o com escriure


Cassany, Daniel. La cuina de l’escriptura. Barcelona: 1993. Grup Editorial 62 - Editorial Empúries, Col·lecció «Les Naus d’Empúries». 210 pàgines.


 

Pels voltants de fi del segle passat, Daniel Cassany va endinsar-se en una cuina molt especial per a proporcionar als lectors una recepta que els permetera crear els millors plats, és a dir,  tenir una sèrie de nocions a l’hora d’enfrontar-se a la redacció d’un escrit. D’aquesta manera va sorgir La cuina de l’escriptura, un llibre que ens es presentat des de no només la teoria, sinó també la pràctica de la composició de textos.

Diplomat com a Mestre de Català, llicenciat en Filologia Catalana i doctor en Filosofia, Lletres i Ciències de la Comunicació; Daniel Cassany i Comas (Vic, 1961) forma part de la selecció d’autors que s’interessa pel bon ús de la llengua. Aquest polifacètic professor i escriptor ha col·laborat en un bon munt d’articles i llibres, i n’ha escrit diversos, de llibres, de forma individual. De la seua bibliografia, encetada en 1987 amb Descriure escriure, La cuina de l’escriptura (1993) és la seua cinquena obra i una de les més difoses, amb nombroses reimpressions tant en català com en castellà. Actualment és professor d’Anàlisi del discurs en llengua catalana a la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Máster en llevar la contraria

Fuente: [aquí]
Aunque en el caso de Chuck Norris haya que pensárselo dos veces, día a día me doy cuenta de que la formación en Traducción e Interpretación se complementa "involuntariamente" con un máster en llevar la contraria.

En mi caso, estos estudios me son innatos y mis profesores muchas veces me han dicho frases como "¿Siempre tienes que ir en contra del mundo?" sin que mi manera de ser cambiara. Como ejemplo, el momento en que mi profesora de Matemáticas de la ESO me recomendó hacer el Bachillerato Científico y me fui al Humanístico (nunca entenderé a la gente que no sigue su vocación simplemente porque su nota "da para más"); y cuando, una vez conocidas las notas de Selectividad, decidí hacer Traducción por la rama de francés en lugar de por la de inglés. Aunque, en realidad, esto es algo que daría para un blog entero, porque hay quien llega a considerar que seguir una vocación es llevar la contraria.


Volviendo a la afirmación inicial de los estudios complementarios a TeI, esto se basa principalmente en el hecho de que observo que ante el texto original, no se puede tener ningún tipo de consideración, porque si la tenemos [¡ay, alma de cántaro!] ¡ZAS! calco que hacemos. Y es que es muy tentador dejarse llevar por el camino de la lengua de partida, sobre todo cuando esta se parece a la de llegada, pero tenemos que ser conscientes en todo momento de cuál es nuestra posición frente al texto, es decir, decir quién manda ahí, y así evitar los falsos amigos.

Ejemplos estoy segura de que os vendrá más de uno a la mente en forma de palabras que chirrían incluso cuando no conoces el texto de origen, por citar un caso. Es más, nombraré una canción cuya traducción me hizo replantearme seriamente las ganas de matar a alguien.
No sé si conocéis Et pourtant de Charles Aznavour, lo que sí es más probable es que os choque que la traducción de ese título sea Y por tanto, cuando "pourtant" es el equivalente de nuestro "sin embargo". Recuerdo que cuando oí hablar del título español pensé que alguien había metido la pata y el título sería Y sin embargo, pero no era así... Y, para qué mentir, la letra de la versión española no tiene sentido para mí.

Es por eso, junto al eterno instinto de corrección, que pienso que para ser un buen traductor/intérprete tenemos que tener un chip especial que permita distanciarnos del original, esa pieza clave que se pone en funcionamiento cuando recibimos unas cuantas clases y vamos perfeccionando el arte de llevar la contraria y, por qué no, defender nuestras ideas. Porque aunque pueda parecer que no entre en razón, sé cuándo se puede/debe parar, pero antes prefiero equivocarme para poder aprender de los errores.

Por último, una pregunta: ¿También vosotros lleváis la contraria o dejáis que la corriente de la lengua de origen os arrastre?

Un fuerte abrazo de alguien que ahora mismo teme que Chuck Norris aparezca en el umbral de la puerta por haber osado mentarlo.

- Sr. Norris, que he sido buena...

lunes, 12 de marzo de 2012

Preparando la Erasmus

Una vez más debo retractarme de lo dicho, decir Diego donde dije digo, comerme mis críticas y mi escipticismo con patatas. Vamos, que metí un poco bastante la pata cuando me mostré tan pesimista con respecto a la adjudicación de las Erasmus en mi universidad, porque finalmente me han dado una de esas tan ansiadas plazas.
¿Mi futuro?
Todo fue, a decir verdad, un poco extraño... Como anticipé en la entrada que he enlazado más arriba (o no), a los estudiantes de Traducción y Mediación Interlingüística, grado del que algún día hablaré largo y tendido, nos correspondían como propias 30 plazas de Erasmus. Esto es porque esas eran las que existían en el segundo ciclo de licenciatura que tenía mi universidad antes de la implantación del plan Bolonia.
¿Qué tiene esto que ver? Es sencillo, éramos 52 personas para aspirar a 30 plazas, lo que se traducía (nunca mejor dicho) en que unos cuantos se quedarían sin poder salir y completar su formación de esta forma.

Pero, al final, esto no fue así. Al observar que la demanda era superior a la oferta y que los convenios con otras universidades no llegarían a tiempo, nos propusieron un apaño que consistió en poner a nuestra disposición las plazas sobrantes de las distintas Filologías que hay en mi facultad. Et voilà ! Por arte de magia, la oferta fue mucho mayor.
Información de la reunión

Ahora viene cuando se da una curiosa casualidad. Resulta que en un primer momento tenía intención de ir a Amiens (en la región de Picardie, Francia), pero cuando hicieron la reunión informativa, solo pude conseguir información de la universidad de Caen (en Basse Normandie, también Francia), a la que en un principio no podía ir. ¿Qué sucedió? Pues resulta que la noche anterior a la asignación de las plazas nos dieron la lista real con los destinos posibles... Amiens había desaparecido de la lista y, en su lugar, sí estaba Caen, ya que eran plazas de Filología Española.

Así que, pensándomelo un rato y analizando las diversas opciones que me presentaban, decidí que aquel sería mi destino. Al día siguiente, 7 de marzo de 2012, fueron nombrándonos por estricto orden de media académica, no hace falta que comente cuántos nervios pasé y el miedo a que quienes me precedían eligieran ese destino. Finalmente, llegó mi turno y, conteniendo las lágrimas de emoción que querían salir, dije en voz alta cuál era mi decisión.

Y de esta forma, con la plaza asignada para 9 meses del curso 2012-2013, comienza mi aventura Erasmus. Quién sabe a dónde me llevará (de momento, a tierras normandas) ni cuánto aprenderé. Solo sé que no voy a dar media vuelta y dejaré que el río siga su curso, siempre que no inunde mi razón con fangos variados.

Un gran abrazo a todos los que me leéis, espero no haberos aburrido con una entrada tan personal.